Duros Ganados Consejos

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Te voy a dar algunos consejos duramente ganados en este post. Cuatro verdades bíblicas, y por lo tanto universales, que luché larga y difícil de comprender. Espero que al escribir sobre esto y compartirlo con ustedes pueda de alguna manera tal vez ahorrarle un poco de dolor y lucha. Sin embargo, no importa cuán sabio sea el consejo dado, no es posible cambiar tu pensamiento si no estás abierto a recibirlo. Ahí es donde comienza el cambio, con tu pensamiento. Toda la siguiente sabiduría proviene de lo que he aprendido a través de la vida de James “el camino difícil” Kelly.

Número 1: “No existe tal cosa como el camino fácil.” [Mateo 7:13,14]

Solía bromear sobre cómo nunca podía tomar el camino fácil porque siempre terminaba haciendo las cosas de la manera difícil. Incluso cuando pensé que estaba tomando el camino fácil, terminó siendo más costoso y difícil de lo que esperaba. Durante casi cuarenta años creí que había algo malo en mí y mientras que de alguna manera que pudo haber sido cierto, lo que aprendí fue, lo que más me faltaba era mi percepción, es decir, mi pensamiento. La verdad difícil es que no hay manera fácil. Es una ilusión. En el “camino fácil” es posible que no tenga que pagar por ello por adelantado por lo que al principio parece prometedor, pero inevitablemente por el camino que siempre tiene que pagar y a diferencia del camino del trabajo duro y asumir la responsabilidad, se exigirá con el interés aplastante del alma adjunto. La llamada “manera fácil” es SIEMPRE más costoso y más destructivo que enfrentarla de frente a la vida y lidiar con lo que se le ocurra.

Número 2: “Sólo puedes lograr lo que estás dispuesto a creer.” [Heb. 11:1; Juan 11:40]

Todavía estoy aprendiendo esta lección. Para mí, en muchos sentidos, es aún más difícil de entender que el primer consejo porque aparentemente es contra intuitivo. Mi fe en Dios realmente me ha ayudado a entender esto mucho mejor a pesar de que es un principio que es universalmente aplicable. Lo que creemos establece los límites de nuestras limitaciones, no lo que vemos. Permitimos que lo que vemos establezca los límites de lo que creemos que es posible y que establece los límites de nuestra capacidad. Cuando en cambio permitimos lo que creemos para definir lo que podemos lograr, es entonces cuando comenzamos a darnos cuenta de que lo que vemos es realmente sólo los límites de nuestra visión y no de nuestra capacidad.

Número 3: “Cosechas lo que siembras.” [Mateo 13:1-23]

Sí, otro principio bíblico que es universalmente aplicable. Es curioso cómo funciona, ¿eh? Sólo podemos salir de la vida lo que ponemos en ella. Si somos quisquillosos y sabios acerca de lo que sembramos y donde lo sembramos podemos incluso multiplicar lo que obtenemos treinta, sesenta, e incluso cien veces. Cuando elegimos odiar siempre encontraremos odio y más razones para seguir odiando. Cuando elegimos estar enojados y ofendidos siempre encontramos más cosas por las que estar enojados y ofendidos. Lo contrario también es cierto. Cuando elegimos amar atraeremos a otros que aman y encontraremos más razones para amar. Cuando elegimos perdonar, encontraremos más que estén dispuestos a perdonarnos y más razones para perdonar a los demás. Esto me lleva a mi siguiente consejo.

Número 4: “La sanación comienza con misericordia.” [Lucas 6:36; Mateo 5:7]

En mi vida siempre ha sido más difícil perdonarme a mí mismo. He hecho tantas cosas horribles y he propagado la destrucción en tantas vidas y he desperdiciado tantas oportunidades valiosas que me pareció prácticamente imposible perdonarme a mí mismo. Aunque, curiosamente, también me ha hecho muy fácil perdonar a los demás. Por una bendición mixta. Aquí de nuevo, Dios es quien me hizo ver que no estar dispuesto a aceptar la misericordia y el perdón era una cuestión de orgullo, no de justicia. Si me condeno, ¿quién puede perdonarme? ¿Cómo cambiarían esas cosas que odiaba de mí mismo si me aferraba a ellos como una extraña manta de seguridad corrosiva? En el mismo momento en que comencé a mirarme con un poco de misericordia y a permitirme comenzar a perdonarme, comencé a sanar. Entonces me di cuenta de que hasta ese momento lo que realmente había estado haciendo era recoger las costras de mis heridas y mantenerlas abiertas y engordadas y al hacerlo nunca estaba realmente curando. Así que, te lo ruego, ten un poco de misericordia y perdónate a ti mismo y a los demás y verás que las cosas saludables positivas comienzan a florecer en tu vida.

Este consejo, en realidad, es simplemente un testimonio de cómo ha cambiado mi vida y los cuatro principios principales detrás de por qué lo ha hecho. Sin embargo, todas estas lecciones me fueron enseñadas a través de mi camino de buscar a Dios y es para Su gloria y honor que puedo compartirlas con ustedes. Mi simple esperanza es que algo duro de mi vida ayude a cambiar y mejorar la tuya. ¡Que Dios te bendiga y te guarde!

James “Santiago” Kelly

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